La variación de los precios de los vinos es increíble. Encontramos vinos tintos desde aproximadamente 1 euro hasta miles de euros por botella. ¿Acaso no cuesta prácticamente lo mismo un kilo de uva? ¿cómo se justifica la diferencia?

Os voy a contar una anécdota que me ocurrió antes de verano. Para valorar el interés que tenían las bodegas en aparecer en publicaciones sobre productos gastronómicos Españoles llamé a varias bodegas, en general la respuesta fue buena a excepción de “Vega Sicilia”. En ella me contestó la persona de recepción, con mucha educación, que no disponían de departamento de comunicación o marketing, que no facilitaban información sobre la bodega y que si lo que me interesaba era vender sus productos su política pasaba por un compromiso de compra, una asignación de cupo de la producción por su parte y… aquí es cuando la matan… ¡una lista de espera de 4 o 5 años! y yo me pregunto… ¿este tipo de actitud no es contraproducente? Pues parece ser que no… pagas marca…

¿Cuáles son los factores que influyen en el precio del vino?

Los vamos a dividir en dos grupos:

  • Objetivos: variedad de la uva, región de origen, año de la cosecha, productor.
  • Subjetivos: resultado de la cata (aroma, dulzura, cuerpo…), valoración de las guías de vinos (Peñín y Parker), estrategia de precios del productor, marketing de la bodega.

Dentro de los valores objetivos de lo que se trata es que los viñedos se encuentren en una zona con unas características tanto climáticas ¿Donde está la clave?(temperatura, luz y lluvias), como de composición del suelo, adecuadas a la variedad de uva.

Así pues, la zona y la calidad de la cosecha tienen importancia. El proceso de cosecha, fabricación, crianza y tratamiento por parte del productor también influyen. De hecho, la bodega que lo produce y el tiempo de crianza son dos de los factores que más afectan a la hora de valorar económicamente un vino.

La cantidad de litros producidos tiene un papel decisivo en el precio, y ello es consecuencia directa del tamaño del viñedo y el enólogo de la bodega que decide cuantos litros va a producir de un vino u otro.

Los valores subjetivos son etéreos. La calidad de un vino depende del paladar, de la comida a la que acompaña y hasta si me apuras, del estado anímico del consumidor. El desconocimiento de la cata de vino por parte del público en general hacen que nos dejemos aconsejar. Es por ello que el uso de guías de vinos se ha extendido y tienen mucho peso sus publicaciones en el consumo de un vino u otro.

el uso de guías de vinos se ha extendido y tienen mucho peso sus publicaciones en el consumo de un vino u otro.

En líneas generales son más agradables los vinos con un equilibrio entre dulzura y acidez, poco astringentes, con unos aromas no excesivamente complejos. Pero claro, para gustos: los colores. Con estas características encajan gran cantidad de vinos y la dispersión de precios sigue siendo elevada.

Para tener una buena relación de calidad precio es necesario irse a vinos de marcas sin excesivo renombre, y no parar de probar diferentes vinos. Digerir la fama no es fácil. El problema radica en que si un vino de una bodega sin excesiva imagen de marca sale bueno, se corre la voz y al cabo de dos o tres años se triplica su precio y se corre el riesgo de que al incrementar la bodega la producción se produzcan pérdidas de calidad.

Al final, como conclusión: el precio del vino lo marca la ley de la oferta y la demanda. Cuanto más deseado es un producto: más caro. ¿Y la calidad?… eso es lo de menos…

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